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Acabamos con la Eurocopa. La Eurocopa nos ha enseñado algunas cosas, no muchas, pero importantes. Básicamente nos ha enseñado que para realizar un buen pronóstico tenemos que ser capaces de desembarazarnos de las opiniones de la prensa y quedarnos con los datos objetivos. No hay como la prensa española para sesgar y nublar las realidades en el deporte español. ¿Cómo puede ser que sólo hubiera dos personas en España, Luis Aragonés y yo, que confiaran en las posibilidades reales de la selección?. ¿Por qué algo tan obvio para el resto de Europa, que la colocaban como el segundo equipo favorito por detrás precisamente de Alemania, como era que España era una ganadora potencial del torneo nos pasaba absolutamente desapercibida a nosotros?
Pues la respuesta es sencilla. La prensa deportiva española, y sobre todo la de la capital que es la que tiene más influencia en el país, oscurece la realidad objetiva con fines personales.
España ya es campeona de Europa. Es evidente e incontestable entonces, que la decisión de sacar a Raul de la selección fue una buena decisión. No hay nada que objetar. El seleccionador hizo un magnífco trabajo de renovación del equipo. Si ahora es tan evidente ¿Qué hacía que España entera se soliviantara y pidiera a gritos el retorno de Raul a la selección? Pues posiblemente que había intereses personales para que Raul estuviera ahí. Al Real Madrid, al representante de Raul, a sus patrocinadores... Todos necesitaban que su objeto de comercio estuviera en ese escaparate para que mantuviera su cotización en el mercado, y los periodistas afines se pusieron a trabajar en ello. Esos intereses nada tenían que ver con los intereses de la selección española ni la de los aficionados que era exclusivamente ganar el campeonato. El objetivo de Luis Aragonés era ese, por ese objetivo le pagaban y por eso el remodeló el equipo y lo ha convertido en un equipo ganador, que es algo más que en campeón de Europa.
Toda esa prensa, todos esos periodistas a sueldo, y porqué no, todos esos aficionados que se han dejado arrastrar por ellos y entraron en el juego, excúsense y ríndanle loas y alabanzas a Aragonés, y, sino, díganle dónde debería poner a Raul (y a Morientes en su época) ¿en el puesto de Villa? ¿o quitamos a Torres?.
Al Cesar lo que es del Cesar y Luis se merece la rectificación, y algo más que eso, de todos esos detractores de miseria. Si existiese el honor en el periodismo deportivo, más de uno debería recoger la foto de sus niños de su mesa y dejar su puesto, pero nadie cree que eso pase. Los estómagos agradecidos (recuerdo eterno del gran butanito) continuarán arrastrando sus miserias por los diarios sin ningún rubor. Nada parecido al periodismo.
Nosotros, al menos, habremos aprendido que si queremos hacer un buen pronósticos, lo primero que tenemos que hacer es no leer la prensa deportiva española.
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